Venimos regresando de Panamá, fue uno de esos viajes donde venimos con un sabor muy cálido, además de un agradecimiento con el Señor porque nos permitió cumplir con el propósito que llevábamos.

Gracias a todos nuestros hermanos panameños, conocerlos fue increíble. Siempre nos sentimos rodeados de su calidez y amistad. Estamos muy impactados del espíritu de los panameños, de su humildad, de su servicio, de su alegría. Siempre nos hicieron sentir como reyes.

Pastores Celio y Martha, qué precioso fue compartir este tiempo juntos. Ustedes son como aguas profundas, cada conversación con ustedes nos enriqueció mucho y nos animó mucho ver que hay personas que entran al consejo profundo de Dios y viven su vida a través de él. Gracias por vivir para el reino de esa manera.

Marlene y Mariel, ese paseo, aunque nos perdiéramos fue padrísimo, gracias por llevarnos a conocer el canal de Panamá, wow, sin palabras, qué maravilla. La sensación de unión entre los dos océanos es sentir la posibilidad de la unión de todas las cosas.

El evento fue precioso, una y otra vez, la Palabra caía como un martillo, “Panamá, Panamá…” no nos cabe la menor duda que Dios habló al corazón de este país, con una gente que es productiva, trabajadora, servicial, muy ocupados siempre, contentos con lo que son y donde están, sin embargo el llamado fue sacudidor, “vuelve a mí”.

No sólo la Palabra, sino la música , todo estaba direccionado a volver a Jesús. No me cabe la menor duda que el Espíritu Santo nos había reunido con el firme propósito de que todo se volviera nuevamente a Jesús, que los velos se quitaran y volviéramos a la centralidad de la cruz.

Aunque no llegaron la cantidad de personas que esperaban, la representación de iglesias fue muy buena. Así también, llegaron gentes de otros países como Ecuador, Costa Rica, Estados Unidos, México, así como varias regiones de Panamá. Creo que en el espíritu cada uno de ellos, son canales muy fuertes a través de los cuales se va a esparcir todo lo que se recibió.

Klaus, llegó como un detonador, vació sobre Panamá el cántico de la gloria del Cordero. Del piano salían los sonidos de la gracia y de la majestuosidad de Dios. Era como una combinación entre toda la dulzura y ternura de Cristo, y su terrible majestad. Nunca se habían escuchado esos sonidos en Panamá, nos comentó el pastor Celio.

Gracias a los muchachos de encuentro, siempre entregan todo lo que son, por eso Dios los puede usar. Gracias por glorificar a Jesús de esa manera. “Grandes cosas están por venir, grandes cosas se harán en Panamá, en las naciones y en ustedes.”

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