Cuando analizamos la vida de Pablo, vemos que al principio fue un perseguidor de los cristianos, y luego de su encuentro con el Señor, su vida dio un giro y le fue encomendada una gran misión “…escogido me es éste, para que lleve mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel…”

Pudiéramos pensar… ¿Un perseguidor de la Iglesia y asesino… escogido para llevar su evangelio a gentiles, reyes e hijos de Israel? También pudiéramos imaginarnos todas las cosas que pasaron por la mente de Pablo cuando el profeta Ananías le dijo esto.

Y en realidad esto nos debe alentar ya que Dios en sus planes, no nos ve por lo que somos, sino que ve en lo que nos vamos a convertir; pero parte de nosotros el tomar la decisión de seguirle y dejarnos guiar por Él.  Vemos que Pablo obedeció sin dudar, y dijo: “¿Qué quieres que haga?” y así lo hizo.

La pasión por Dios es lo que hizo que Pablo pasara de ser un perseguidor de los cristianos a ser una ficha clave en el crecimiento de la Iglesia.  Pablo fue un predicador incansable del evangelio que el mismo Cristo le había revelado.  Luego de su primera experiencia con el Señor, nada pudo impedir que fuera a todas las ciudades a enseñar sobre el Cristo que había conocido.  Se convirtió en un defensor celoso del verdadero evangelio de Cristo, y estuvo dispuesto a padecer.

Vemos a un Pablo que se dejó moldear por el Señor, porque aprendió que nada de lo que él tenía antes de conocer a Cristo le servía para la obra que el Señor necesitaba que hiciera… “Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo y encontrarme unido a él…” Filipenses 3:8

¿Cuántas veces nos detenemos porque creemos que no somos capaces o que no tenemos el conocimiento para hablarle a otro de Cristo?  Lo único que nos debe importar es estar unidos a Cristo, porque es la única manera en que podremos cumplir esa misión tan importante que Dios nos dejó a cada uno de nosotros.  ¿De qué nos valen amistades, buenos trabajos, cosas materiales, si no estamos unidos a Cristo dentro de nuestro propósito?  ¿Cuántos de nosotros hemos tenido experiencias con el Señor y las hemos guardado para nosotros porque pensamos en el qué dirán?

¿Qué estamos haciendo para ganar gente para Cristo? o… ¿Pensamos que Dios nos llamó para ser cristianos pasivos?  Lo que reflejamos, como nos comportamos, nos observen o no, es el espejo de Cristo en la tierra.   Dios nos escogió con un propósito, el cual sólo nosotros podemos ejecutar.  A Dios no le interesa si creemos que somos capaces o no…  ¡Él nos ve capaces para esa labor!  Así llamó Dios a Moisés, quien era tartamudo, para dirigir a “Su pueblo, Israel”; eran aproximadamente 3 millones de personas, y no le preguntó si se sentía capaz, le dijo: ¡Hazlo!

Dios quiere que lo conozcamos, y que compartamos con pasión esa experiencia con otros, para que sus vidas sean transformadas por medio de Jesús.

¡Declaro Pasión ferviente por Jesús, por su Palabra y por ser parte de esta gran comisión!

Yo quiero vivir una vida apasionada por Jesús… ¿y tú?